lunes, 21 de abril de 2014

-FAURISSON: “CONTINUAMOS SIN EVIDENCIAS FÍSICAS NI FORENSES DE LAS CÁMARAS DE GAS”


En una sentencia dictada el 26 de abril de 1983, los jueces franceses reconocieron el carácter científico de mi investigación y sus conclusiones sobre lo que el historiador Olga Wormser-Migot, en 1968, llamó “el problema de las cámaras de gas”.  Llegaron a la conclusión de que todo el mundo debe tener el derecho a decir, que esas supuestas armas de destrucción masiva no existían y, además, no podrían haber existido.

 


Plano de los crematorios de Auschwitz y Birkenau.

Esa decisión de la Sala Primera, sección A, de la Corte de Apelación de París, presidida por François Grégoire, se puede leer en  http://robertfaurisson.blogspot.it/1983/04/communique-texte-de-larret-du%20-26-avril.html

 

Fui yo quien, el 19 de marzo de 1976, descubrió los planos de construcción, que se habían mantenidos ocultos hasta entonces, de los crematorios de Auschwitz y Birkenau y que se suponía contenían cámaras de gas para asesinar a los prisioneros. Esos planos revelaron que junto a esos crematorios no habían cámaras de gas pero contenían, según el caso, o bien un depósito de cadáveres a nivel del suelo ( Leichenhalle ), o sótanos para aislarlos del calor del verano ( Leichenkeller ), u otros en simples habitáculos.

A pesar de que el hecho era una cuestión de “atroces crímenes, además de metódicos, innumerables y sin precedentes en la historia”, nadie había buscado pruebas forenses en una sola de esas “cámaras de gas” con la única excepción del examen que se produjo en Francia en 1944 en una supuesta cámara de gas del campo de Struthof-Natzweiler cerca de Estrasburgo que, por cierto, fue desestimada por el tribunal que me juzgaba.

 El 1 de diciembre de 1944, el Profesor René Fabre, decano de la Facultad de Farmacia de París, después de haber conducido una investigación toxicológica, tampoco había encontrado rastros de cianuro de hidrógeno (HCN), ni en la supuesta “cámara de gas” ni en los cuerpos de los cadáveres supuestamente gaseados (el informe se conserva en el Hospital Civil de Estrasburgo). Cabe destacar que en dicho informe forense no consta una fecha determinada, pero, por fortuna, en 1982, yo personalmente descubrí un informe firmado por los expertos médicos Simonin, Fourcade y Piedelièvre que acreditaban los resultados de Fabre, a pesar de la ausencia de dicha fecha en el documento.

 No menos notable es el hecho de que, a pesar de mi publicación de estos descubrimientos sobre el informe forense del profesor, los historiadores no los tuvieron en consideración, hasta el punto, por ejemplo, de que Robert Steegmann ni tan siquiera menciona el nombre de René Fabre en sus dos obras de un total de 875 páginas que dedica a Struthof (en 2005 y 2009, respectivamente), y en la que presentó como un hecho establecido la existencia y el funcionamiento de una cámara de gas homicida en ese mismo campo. 

http://robertfaurisson.blogspot.fr/2013/05/il-est-temps-den-finir-avec-la-chambre.html

       Yo fui el primero y el único, durante muchos años, en cuestionar la existencia y el funcionamiento de las cámaras de gas mediante la realización de pruebas físicas, químicas, arquitectónicas y topográficas,  evidencias que también se realizan en investigaciones criminales de la policía técnica y científica de todo el mundo.

 Me dediqué a la realización de numerosos estudios y consultas en varios campos de la ciencia en el Laboratorio Central de la Prefectura de Policía de París junto a expertos en gas en Francia y del extranjero, con los fabricantes o usuarios de Zyklon B  y con especialistas en cámaras de gas para la desinfección, en hornos crematorios, etc.

En una época presté mi atención hacia las cámaras de gas de ejecución utilizados hasta la década de 1990 en las prisiones americanas (que funcionaban con HCN,  (el ingrediente activo del Zyklon B). Me sorprendí al encontrar que en Alemania, Austria y Estados Unidos, donde los ingenieros y químicos abundan, nunca se les había preguntado acerca de la posibilidad de la formación de un gas destinado a asfixiar a millones de seres humanos con HCN, es decir, con una sustancia que no fuera tan peligrosa de manejar como la que utilizan los americanos para la ejecución de una sola persona,  ya que ésta les obligaba a diseñar un habitáculo de acero extraordinariamente complicado con una puerta como la de un submarino y una sofisticada maquinaria – especialmente para la eliminación para la ventilación del gas venenoso y su neutralización, sin la cual un cadáver impregnado de HCN no se podía tocar, y mucho menos trasladar.

Para la ejecución de un solo recluso toda la prisión está en estado de alerta ya que ésta era extraordinariamente más peligrosa que un gaseamiento  de desinfección. Mi argumento de la cámara de gas en América resultó tan eficaz que, en cierto modo, mi estudio permitió que el descrédito total de las supuestas cámaras de gas alemanas .

Dicho esto, uno se queda desconcertado ante la credulidad de su existencia por parte de la mayoría de la gente  en la actualidad. Durante casi un siglo ha sido posible engañar a miles de millones de personas y convencerlas de que, durante años, los alemanes utilizaron un arma de destrucción masiva que nunca se ha demostrado  más que de una forma vaga y fantástica.

Incluso hoy en día, a los turistas que visitan Auschwitz se les muestra el interior de un lugar llamado “cámara de gas”, mientras que el historiador Eric Conan finalmente confesó y admitió en 1995 que todo es falso.

 

Otro caso es el del Padre Patrick Desbois que tanto ha defendido  su teoría del “Holocausto por balas”,  Desbois afirmó haber descubierto, en Ucrania, 850 fosas comunes con un millón y medio de cadáveres de judíos.  El autor muestra las supuestas ubicaciones de algunas de ellas, pero ni un solo cadáver. Desbois explicaba que un rabino, a quien fue a consultar en Londres, le aseguró que las víctimas del Holocausto eran santos y que, por lo tanto, nadie tiene derecho a perturbar su paz con excavaciones. Y el truco funciona.

Es suficiente con tener ” fe holocáustica” y creer. Como los visitantes del Museo Conmemorativo del Holocausto de Washington que leen con fruición la inscripción situada sobre la fotografíaque, con una impresionante pila de “zapatos de los gaseados” pone:: “Somos los últimos testigos”.

Al principio muchas de las autoridades políticas, religiosas y académicas festejaron a Desbois y a su tesis del “Holocausto por balas”, pero “su descrédito ha comenzado y su suerte se desvanece”. ( Le Monde (des livres) , 19 de junio de 2009).

La ciencia es un largo proceso de ensayos, errores, y correcciones, por lo que los revisionistas, en lugar de ser castigados como criminales, deberían ser protegidos y considerados como benefactores de la humanidad.

 

 Robert Faurisson / 09 de abril 2014

Fuente: http://robertfaurisson.blogspot.it/2014/04/whether-holocaust-by-gas-or-holocaust.html

Ver planos completos en: http://robertfaurisson.blogspot.com/2009/07/lettre-sur-ma-decouverte-en-1976-des.html.

 

No hay comentarios: